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Biografía de Rivera: Artista de frescos en los Estados Unidos de Norteamérica

A finales de 1929, el mundo se había dado vuelta. Con la crisis de Wall Street, las economías de los países capitalistas colapsaron en todo el mundo. Marx siempre había advertido que el socialismo nacería y crecería con más fuerza dentro de una nación de alto desarrollo industrial. Durante siglos, ha habido desequilibrios entre la requeza y el bienestar de los menos versus la pobreza y el malestar de las masas. Marx especulaba con que en una nación desarrollada, construida sobre los principios de igualdad, esta dolorosa contradicción aparecería finalmente tan claramente expuesta que llevaría a los ciudadanos al desarrollo de una utopía socialista.

Diego suponía que Estados Unidos sería el país donde estos sueños idealistas se harían realidad. Y quería ser parte de este gran evento mundial. En medio de una gran controversia, en 1930, Rivera, un muy ruidoso proponente del comunismo, fue invitado a pintar un gran mural en uno de los bastiones del capitalismo norteamericano, el nuevo Restaurante de la Bolsa de Valores de San Francisco. Diego y Frida viajaron a California, donde pintó California, basándose en la leyenda de Califia, la reina amazona negra, asociada con la mítica “Isla de California”. Diego la metamorfoseó como Madre Tierra, una diosa de la abundancia con sus manos gigantes recogiendo la riqueza del estado de California. Este mural es, sin duda, la más pieza más espléndida de arte que jamás haya producido. Estados Unidos se enamoró de él.

Alegoría de California 1930-31 Restaurante de la Bolsa de Valores del Pacífico de San Francisco
Alegoría de California 1930-31 Restaurante de la Bolsa de Valores del Pacífico de San Francisco

De junio a octubre, Diego regresa a México para continuar trabajando en los murales del Palacio Nacional, pero lo más importante es la preparación de una muestra para el Museo de Arte de la ciudad de Nueva York. Fue la segunda persona invitado para hacer una muestra individual en este museo. Matisse había sido el primero. El 13 de noviembre de 1931, Diego y Frida fueron a Nueva York en el vapor Morro Castle. Diego se asombró con las modernas maravillas arquitectónicas de los rascacielos de Nueva York. Después de ver California, casi inmune a la depresión, estaba horrorizado ante la desesperación que vio en los rostros de hombres, mujeres y niños que hacían largas colas para recibir alimentos en la ciudad de Nueva York.

Su muestra en el MOMA se inauguró el 23 de diciembre de 1931, y fue un gran éxito. En un mes más de cincuenta y siete mil visitantes acudieron a ver su arte. Hubo una respuesta aún más popular que con Matisse. Diego amaba la magnificencia industrial de Estados Unidos por lo que pasó los próximos diez años homenajeándola con su pintura. Se hizo enseguida popular entre los poderosos industriales de Estados Unidos, por lo que el hijo de Henry Ford, Edsel, le solicitó que pintara un mural en paneles para el Instituto de Arte de Detroit que es el hoy famoso Producción y Manufactura del Motor y la Transmisión de la Industria de Detroit. La muestra se inauguró en marzo de 1933 y resultó ser un verdadero triunfo.


La industria en Detroit o el Hombre y la Máquina 1932-1933 Instituto de Arte de Detroit

Detalle de La Industria en Detroit o el Hombre y la Máquina 1932-1933
Detalle de La Industria en Detroit o el Hombre y la Máquina 1932-1933

Después de la inauguración de los murales de Detroit, Diego y Frida se fueron a la ciudad de Nueva York. Diego había recibido el encargo de pintar un mural en el edificio de la RCA en el prestigioso Rockefeller Center, el que comenzó en marzo 7 de 1933. El nombre elegido por los arquitectos de este complejo fue Hombre en Encrucijada mirando con Esperanza y Gran Expectativa la Elección de un Futuro Nuevo y Mejor. Esta tarea titánica podría haber generado el rechazo de muchos artistas, pero no de Rivera, el gran muralista. Diego presentó bosquejos detalladoss y éstos fueron aprobados por el comité del edificio. Rivera trabajaba de manera industrial sobre el mural cuando un periodista del New York World Telegram informó que Diego había insertado una cabeza gigante del comunista Vladimir Lenin, heroicamente representada, en el centro del mural, mientras que había representado al capitalista John D.Rockefeller, con un martín en su mano, en un costado de la escena.

Todavía se pueden escuchar las protestas entre los defensores capitalistas y los de la libre expresión artística en los ámbitos financieros y del arte. Se solicitó a Nelson Rockefeller que interviniera. Habló con Diego y le exigió reemplazar el rostro de la imagen. Rivera, siguiendo sus convicciones artísticas, rehusó hacerlo. Los Rockefellers le pagaron su comisión y lo sacaron del edificio. Meses más tarde, cuando el mural fue derribado a golpes de martillo de la paredes, el pintor John Sloan declaró el acto como “un asesinato premeditado del arte.

Finalmente cuando se reprodujo la pintura en la ciudad de México fue criticada como una de sus peores piezas. No hubiera valido la pena perder su título como el más grande ilusionista de todos ellos.

Sus grandes murales pertenecían ahora al pasado.

El Hombre, Controlador del Univreso o El Hombre en la Máquina del Tiempo, 1932, Palacio de Bellas Artes
El Hombre, Controlador del Univreso o El Hombre en la Máquina del Tiempo, 1932, Palacio de Bellas Artes

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